Vamos a empezar la segunda mitad del año 2008 y ya veo menguado el espíritu de varios coterráneos, al parecer como secuelas de este ajetreado y poco estable año. Así que narrare una de las historias más extraordinarias del montañismo mundial, aquella que pasa entre el hielo y la muerte.
Maurice Wilson, nace en Inglaterra en 1898, alumno aplicado que a los 12 años ya hablaba fluidamente el francés y alemán. En 1916 al día siguiente de cumplir 18 años se alista como voluntario en él ejercito inglés, ascendió hasta teniente, fue condecorado por su valentía, sin embargo al ser herido por una ametralladora en el pecho fue repatriado como inválido.
Lo mismo que muchos otros de su generación no podían olvidar el horror de las trincheras y se sentía incapaz de reintegrarse a una vida burguesa, en vano se preguntaba por el sentido y propósito de su vida, así que emigro a Nueva York, San Francisco y finalmente Nueva Zelanda donde permaneció varios años, vendió automóviles, menjurjes de curandero, finalmente puso una "boutique". De repente sintiendo un impulso espontaneo regreso a Inglaterra en un vapor de correos. No había sido un hombre de éxito pero tampoco un fracasado, sin embargo se sentía infeliz. La vida de este hombre alto y forzudo carecía de objetivos. Fue entonces cuando conoció en el barco a unos Yoguis Hindúes, cuyas ideas sobre la autodisciplina lo impresionaron profundamente.
Llego a Inglaterra y enfermo gravemente, empezó con tos intensa, estaba adelgazando y se sentía frustrado y melancólico, un buen día desapareció sin dejar rastro.
Cuando apareció nuevamente estaba totalmente sano, se había sometido a una misteriosa cura: 35 días de ayuno, y oración continua. Al final estaba curado y feliz. Además había encontrado el sentido de su vida, una panacea contra todos los males, pero sabia que a pesar de su convencimiento, sólo era un profeta entre muchos otros. Por eso quería a partir de ese momento llamar la atención de toda la humanidad sobre su nueva medicina(oración y ayuno), tenia que hacer algo extraordinario.
Estaba convencido de ello y quería demostrarlo. Escalaría el Everest, solo ayudado por la fuerza de su fe sobre la cual no tenia ninguna duda. El Everest, ahora sabía lo que tenía que hacer y nada podría detenerlo.
Se compro un biplano usado de tres años, mando a pintar en el fuselaje las palabras "Ever-Wrest" y recibió clases de vuelo en el aeroclub de Londres. Después del primer vuelo con su profesor a este último no le quedaba la menor duda de que su alumno nunca sería un buen piloto. Pero el excéntrico alumno poseía dos cualidades que superaban sus deficiencias; valor y decisión.
Wilson continuaba imperturbable, se compro equipo de montaña y empezó a entrenarse para escalar, marchaba a pie de Londres a Bradford con botas de clavo y mochila pesada, después fue a escalar a la región de Gales sin preguntar a nadie sobre la técnica para escalar o autoasegurarse. Para poner a prueba su sistema nervioso se lanzo en paracaídas sobre Londres, entre tanto la prensa había hecho eco a su fantástico proyecto levantando serias controversias.
Fijo su fecha de partida el 21 de abril de 1933, el día de su cumpleaños, en el primer despegue tuvo que aterrizar de emergencia y se salvo por suerte.
Cuando el "Eve-Wrest" estaba de nuevo listo para despegar, el ministro del aire intento detener el vuelo, Wilson rompió el telegrama que le impedía despegar y el domingo 21 de Mayo se despidió de periodistas y amigos remontándose rumbo al sol de la mañana haciéndose más pequeño hasta que por fin desapareció.
Una semana después aterrizaba sobre el Cairo, una vez allí y debido a la prohibición del cónsul ingles de que le abastecieran combustible, consiguió éste de contrabando y llegó a Gwanda en la India. En dos semanas había recorrido 8 mil Km. demostrando que era capaz de realizar cosas aparentemente imposibles. Tras esa proeza se le empezó a tomar en serio. En Lalbalu vendió su avión en 500 libras y se puso en marcha hacia Darjeeling, como era habitual las autoridades le negaron el permiso para atravesar Sikkim y el Nepal a pie, así que penso como podía alcanzarlas ilegalmente.
Encontró apoyo en los sherpas Tewang, Rinzing y Tsering, que eran personas bondadosas y calladas, afirmo ante las autoridades que iba en caza de un tigre pago el hotel 6 meses por adelantado y la noche del 21 de Marzo de 1934 los cuatro abandonaron sigilosamente la ciudad, con el fin de no ser recocidos solo caminaban de noche, Wilson iba disfrazado de monje tibetano. Avanzaban aproximadamente 25 km. cada noche a través de helados arroyos, remolinos de nieve y diluvios de granizo, en medio del cortante frío iban rodeando pueblos y ciudades.
Corría el mes de Abril del 1934 cuando Maurice Wilson desprovisto de su disfraz de monje tibetano escribió en su diario "He visto el Everest".
A la mañana siguiente partió solo con más de 20 Kg en su espalda hacia el glaciar de Ronbuck y puesto que todos los informes que había leído sobre esta región procedían de destacados alpinistas quienes consideraban halagador el restar importancia a las dificultades, Wilson se sintió horrorizado ante el desconcertante laberinto de torres de hielo y bloques rocosos que se encontró ante sí. Milagrosamente no se cayó a ninguna de las innumerables grietas. El 16 de abril, completamente agotado, alcanzaba los 6,035 metros de altura sobre el nivel del mar, cota alcanzada en el campamento II de la última expedición inglesa. Comenzó a nevar. Debilitado masticó dátiles y pan. Tras dos días agotadores, una tormenta de nieve le detuvo definitivamente a 6,250 mts., no cesaba de nevar y los víveres se agotaron. Por fin decidió regresar por el temible glaciar hacia el convento.
Cojeando, con todos los miembros adoloridos, llegaba dos días después a Rongbuk, tenía los ojos rojos, los párpados inflados y la garganta seca. Mientras sus amigos Sherpas preparaban un plato de sopa, él escribía unos garabatos legibles en su diario: "no me retiro, sé que puedo conseguirlo...".
Tras tomar su primera comida caliente en diez días, comenzó a narrar a los Sherpas confusas historias sobre la soledad, el esfuerzo y la depresión que se sienten en el glaciar de Rongbuk. Después durmió 38 horas. En cualquier caso, el 11 de mayo escribía en su diario: "partiré mañana suceda lo que suceda, sólo me sentiré feliz cuando lo haya logrado".
Los Sherpas, más familiarizados con el terreno del glaciar, alcanzaron a los tres días el lugar del campamento III, encontraron un almacén de víveres que pertenecía a la última expedición inglesa, que en comparación con sus escasas provisiones, parecía un supermercado.
Wilson se enfrentó con la pared norte, un serac de nieve y hielo de 500 metros de alto, (dos veces el World Trade Center), este obstáculo ofrecía grandes dificultades a los más diestros escaladores de la época.
El 16 de mayo les sorprendió una tormenta que les retuvo cinco días en el campamento III. El 21 de mayo, Wilson se puso en camino a la cascada de hielo con Rinzing, para mostrarle la ruta de la anterior expedición, sin embargo éste se agotó y prefirió regresar al campamento III, y Wilson prosiguió solo. Cuatro días duró su desesperada lucha con la cascada de hielo; dormía en diminutas salientes, en lugares muy expuestos, tallando escalones con su piolet y colocando tornillos de hielo, pasó una grieta de 10 mts de anchura por un puente colgante, mientras rezaba. Por fin llegó al pie de la última cascada de hielo, pero esta pared era de 100 metros de altura completamente vertical y sin escalones. Tras dormir a la intemperie, Wilson trató de subir por una chimenea; continuamente tras superar un par de metros con gran esfuerzo, volvía a resbalar. La tarde del 24 de mayo, estando aún al comienzo de la chimenea, tuvo que reconocer que no podía conquistar el Everest y más muerto que vivo, descendió por la cascada de hielo hasta que cayó en los brazos de los Sherpas.
Los siguientes dos días los pasó en su saco de dormir, sin embargo escribió en su diario: "Tewang quiere regresar, pero le he convencido de que me acompañe al campamento V, este va a ser mi último intento y tengo confianza en mí mismo...".
Los Sherpas trataron de convencerlo de no ir y regresar, pero Wilson no hizo caso de sus palabras y el 29 de mayo se puso en camino él solo. Demasiado cansado llegó tan sólo al pie del collado norte. El 30 de mayo se quedó e la tienda incapaz de abandonar el saco de dormir, el 31 garabateo en su diario: "un día magnífico. ¡Adelante!". Completamente agotado, solo en el frío, Maurice Wilson moriría poco después.
Al año siguiente, Eric Shipton encontraro su cadáver disecado por el viento. Shipton, sólo guardó su diario. Gracias a estas anotaciones y los informes de los Sherpas fue posible reconstruir el intento de escalada más osado hasta ahora en la historia del Everest.
Muchos de ustedes podrían exclamar: "es el diario de un loco", ¿pero quién puede estar loco, este real personaje o aquellos que se matan día a día por presumir lo que no tienen, valor e integridad moral?. Tener dinero no da ninguna de las anteriores, lo da el esfuerzo cotidiano y la honestidad con uno mismo. De que sirve darse golpes de pecho cuando no se ha podido educar a los hijos con el ejemplo y estos se estrellan en un automóvil locos de contento y completamente borrachos.
"La única obligación del hombre es ser feliz", escribe Nietzche, y serlo bajo circunstancias adversas tanto en la montaña como en la vida diaria es un arte. Para seguir adelante, es necesario guardar intacto nuestro entusiasmo; sólo así se pueden desmoronar esos obstáculos interiores que aparecen en nosotros, más difíciles de vencer que todas las escaladas del mundo.
Los Tibetanos dicen, la suerte y la ocasión favorable nos la regalan los dioses a todos. Las condiciones del éxito hay que lograrlas por un mismo, nadie las regala en ningún momento, ni en ningún lugar.