Seguimos atrapados aquí en Periche esperando un helicóptero que no llega y como dice don teofilíto ¨ni llegará...¨ Los ricachones hicierón su berrinche y no la aplicaron, ellos se largaron en sendos helicopteros ¨personales¨en las primeras horas de la mañana y nos dejaron a 8 con una promesa que nunca llegó. Laura y Yo no deberiamos estar aquí, pero aquí andamos, no sabemos a ciencia cierta si llegará el helicóptero mañana y lo peor si vale la pena esperar por él o simplemente como lo habíamos proyectado, regresar a Kathmandú como entramos, caminando.
Lo que si es seguro es que el día que habiamos ganado bajando de la cumbre al campo 2, hoy se perdió. Estamos a 4200 metros de altura en Periche en donde empezamos a ver manchones verdes , incipientes vestigios de clorofila que nos hacen saber la presencia de oxígeno suficiente para volver a los límites de altura permitidos para una vida normal. 60 días fuerón necesarios desde que salimos de león para poder llegar a la cumbre de la montaña más alta del mundo y ahora a 4 días de haberlo logrado queriamos estar en kathmandú porque nos urge regresar a recuperarnos. La Flaquita quedo como reina de la montaña, pero su cuerpo está más abollado que un carro chocón de feria de pueblo. Ell esfuerzo de la semana de cumbre le bajo las defensas y perdió cualquier vestigio de grasa, dejando su perfil muscular como el de un muchacho de secundaria escualido. Por supuesto que esto le ha traído consecuencias y ahora está pagando por ellas, de verdad esperemos que llegue el helicóptero para evitar más desgaste a un cuerpo que requiere de unos días de absoluto descanso y un lugar con más oxígeno, sentarse por lo menos para defecar y agua caliente que salga por una tuberia y bañarse sin temblar de frío mientras le das más presión al recipiente donde se encuentra el agua calentada por la estufa. Todo se puede soportar durante meses sin darte cuenta siquiera, con tal de llegar a la meta, pero ahora que ya lo hemos logrado si añoramos un estilo de vida mundano.
Tres subidas sin límite de tiempo:
Esta fué mi tercer ascensión al Everest, suena sencillo pero volteando para ver todo lo que ha pasado parece una vida de complicaciones que no siento que haya sido la mía, por lo feliz que he sido con tal de conseguirla. En uno de los escritos previos para salir hacia la cumbre escribía que ésta era probablemente la expedición más difícil de las que había realizado. Al día siguiente el reportero Ricardo Roura del periódico reforma me preguntaba la razón. No podía decirlo abiertamente, pero me pesaba la responsabilidad de tener a Laura esclando junto a mí por estas peligrosas laderas.
Nunca me había agobiado o preocupado el que ella fuera siguiendome, hasta que llegamos aquí y ví la posibilidad real de un accidente en una persona que no fuera yo.
No se si me explico, pero el que tu compañero de escalada sea una mujer que se hace cargo económicamente de dos hijos adolescentes sin ayuda de nadie y de repente la veas resbalar a ocho mil setecientos metros en una rampa de roca y con dos mil metros de precipicio esperando engullirla para no dejar ver el brillo de sus ojos jamás, te pone la vida a tope.
La ruta por la cual ascendimos me la se casi de memoria, pero el casi representa unos espacios en blanco bastantes grandes en los cuales se me congelaron los dedos y meses después tuvieron que cortarlos.
No me molestaba pasar por los mismos lugares, me angustiaba que alguien a quien quiero tanto me acompañara por esos lugares.
El miedo se propiciaba desde antes de la salida de León, cuando algún familiar de Laura la inquirió de si se sucitaba un accidente en la montaña ella ni seguro social tiene.
Yo muy molesto por el comentario tan pesimista como realista anoté a decir que no se preocuparan, que la sangre de laura no salpicaría sus bolsillos, que sería mejor que la abrazaran y apoyaran antes de irse.
Ese miedo entendible del familiar ante un riesgo inminente e impredecible es un hecho de facto cuando estas escalando y me brincaba a unos días de salir hacia todo lo alto. Yo puedo responsabilizarme de mis movimientos o errores, pero cómo asegurar que el otro hará las acciones correctas, cómo hacerse cargo de alguien por ariba de 7500 metros cuando difícilmente tu puedes hacerte cargo de tu propio cuerpo.
Es el riego de vivir en busca de un sueño por llegar a lo más alto y ni siquiera estando tan cerca de Laura podía tomar deciciones y acciones que solo le correspondían a ella.
Ayer Laura escribia de aquel día complicado del campo 3 al 4, cada uno ibamos a nuestro ritmo, lo interesante es que cuando llegué al campo 4 estaba tan cansado que me preocupé que estaría pasando Laura y ese mismo día saldriamos por la cumbre. Por radio trate de saber en que parte estaba contactando a los sherpas, Kenton llego al poco tiempo usando oxigeno y le pregunte por ella, me comentó que iba un poco atrás, pero que estaba contenta, finalmente la localizó Padawa y me djo que estaba como a 20 minutos del campo 4 y que no quería usar oxigeno suplementario, esa habia sido una opción que había pensado, hablé con ella por radio me dijo que estaba cansada pero decidida a llegar jalando sus pies y vida con lo que pudiera sus pulmones.
Muy pegado de mi fuerza salí del campo cuatro hacia abajo con una botella con Gatorade para darle, caminaba hacia el espolón de los ginebrinos muy pegado para ayudarla a llegar al cuatro. Mientras más bajaba peor me sentía hasta que la encontré caminando con un ritmo de un paso y cinco respiraciones. Su cara mostraba un dimorfismo que solo se ve en las películas de batman (el dos caras), estaba completamaente desencajada pero sonría mientras la bebida tomaba. Con un dolor que solo los que que han experimentado la falta de oxigeno prolongada, baje a ayudarla y lo único que podía hacer era darle agua. Faltaban como 80 metros para el campo IV y los dos estabamos completamente drenados.
Toda esta historia para hacerles saber que a cierta altura y en ciertos lugares nadie puede ayudarte y estas bajo la única protección de lo fuerte que puede ser tú voluntad.
Lo interesante es que aquella ocasión en que me regocije con la hermosa frase de ¨no salpicarán sus bolsillos¨ estaba convencido de que tendriamos dinero para el seguro internacional de montaña, pero la situación económica de nuestra pequeña expedición era tan apretada que al final no pudimos comprar los seguros de 450 dólares cada úno que eran nuestra protección en caso de accidente.
Efectivamente no podiamos ni siquiera darnos el lujo de torcernos un tobillo, venimos al campo de guerra sabiendo que no podriamos recibir ni siquiera el rozón de un tiro.
Es increíble lo que la mente puede hacer, no te puedes dar el lujo de enfermar, no te puedes dar el lujo de caer, no te puedes dar el lujo de desperdiciar, no te puedes dar el lujo de quejar, el único lujo te lo estás dando al tener la oportunidad de este tipo de montañas escalar.
Esta situación conocida para mí, era nueva para mi compañera, la cual estaba lógicamente más relajada, alivianada, por lo que cuando no se apegaba a las líneas antes descritas de no quejarse, de estar convencida de que nadie haría ni movería un dedo por tí, me desesperaba.
La convencí durante estos pasadas semanas de que tendría que pensar como un sherpa, trabajo en la montaña de arriba abajo sin pensar en los descansos.
Algo contrastante con el tipo de expedición en la que estabamos, el Jefe entendía nuestra postura y nos dejaba en libertad absoluta de recorrer la montaña sin estarnos cuidando.
Y así salimos a la cumbre con nuestro propio equipo ya probado, Padawa lo conozco desde el 97 y a lakpa desde el año pasado.
Los cuatro un equipo compacto bien engrasado porque Laura y yo les habíamos demostrado a los sherpas de que madera están hechos los Mexicanos.
Cuando salimos a la cumbre... Bueno les dejo a Laura para que les dé su versión de uno de los días más importantes de su vida, solamente les comentaré que a unos 50 metros de la cumbre me acercaba a Laura y le gritaba ¨Estás a punto de llegar a la parte más alta de este pinche mundo...por favor no le bajes...disfrutalo¨