EL EQUIPO LEON.
Por: Yuri Contreras Cedi
La ciudad de León, Guanajuato, lugar donde vivo desde hace 9 años, se precia de ser una de las mejores aficiones de la nación en cuestión de Fut Bol.
Viven , entregan y desgastan cada fin de semana en una telenovela de sangre, sudor y lágrimas que ya lleva siete temporadas, ya que el equipo se encuentra en segunda división; bueno, se le conoce desde el punto de vista mercadológico como Primera “A”, que es la misma estupidez que en montañismo se llama “cumbre falsa” y “cumbre verdadera”.
Cumbre solo hay una como primera división también. De esa primera división el León ha sido cinco veces campeón, así que los desfiguros que ha mostrado en casi una década de fracasos a la ciudad y su gente le sigue pesando.
En Mayo del 2001, escribí un artículo inspirado en la tragedia del León y siete años después las caras cambian pero el mismo estupor y desolación queda.
Es tan grande el cariño por el equipo que nosotros mismos hemos llevado su bandera como ícono querido del lugar donde Laura nació. Ahora el equipo esta metido hasta el cuello en un nuevo “culebrón” que ha cobrado salpullido entre la afición, pero ese no es el punto al que me quiero referir en esta ocasión.
Con frecuencia la creencia de que la gente es tan buena o mala como el equipo de Fut Bol de su lugar natal, es un prejuicio bastante habitual y si no habría que ver el sentimiento de inferioridad en el entorno global actual que podríamos afrontar con la reputación y actuación de la selección nacional de Fut Bol.
Nosotros, no somos el equipo León. Nuestra capacidad intelectual y moral no esta representada por los jugadores que portan “La verde” de la selección. Nuestra moral e intelectualidad como nación no puede sobajarse a tan burdo ariete deportivo.
Es más, podría apostar sin fallar, que en occidente se ama y se odia de un día para otro a casi cualquier selección y equipo de Fut Bol; es cuestión de voltear a ver a los mejores que son capaces de morir por sus campeones o atentar contra la integridad de sus jugadores ante un partido mal jugado. Así que es muy presuntuoso considerar que nuestro país tiene la mejor o la peor afición al Fut Bol.
De la misma manera, es común entre nosotros los mexicanos considerar que somos un país de envidiosos y que no toleramos el éxito de otro compatriota. El Chiste de la “Olla de cangrejos” que habla de cangrejos, norteamericanos, europeos y todos los cangrejos occidentales que se ayudan entre ellos mientras nosotros, los nacionales nos despedazamos para que nadie salga del caldero.
Ante esto, tendré que regresar a la respuesta que antes mencione con el Fut Bol, el problema no va del Río Bravo al Usumacinta, atraviesa el río Colorado, pega hasta Niza, da vuelta por el Duero y no lo silencia ni el Mar Muerto.
Lo he constatado desde hace 15 años que tengo escalando las cordilleras más altas de cada continente donde he conocido y trabajado en equipo con casi todo tipo de montañistas Occidentales.
Así que el individualismo, la ventaja y el ser abusivo, usted disculpe no es privativo de la sociedad Mexicana, el no saber trabajar en equipo es una característica cultural Occidental con raíces tan profundas que me da vergüenza de verdad haber tardado tanto en resolver tal acertijo.
Y es que desde hace doce años he dado pláticas motivacionales de todo tipo, la primera a la que me invito mi querido amigo Sergio Díaz en Juriquilla en verano del ´96, lo primero que me comentó antes es; “diles lo importante que es trabajar en equipo”.
Y de ahí pal rial, al parejo que escalar montañas he leído y buscado el vellocino de oro para que todos trabajemos apasionados hacia un mismo destino poniendo el ejemplo de lo que es una cordada, un equipo en la escalada o el montañismo.
Pero la veta para resolver esta ecuación de complejidad la encontré en un pequeño pueblo llamado Sama Gon a la orilla del Manaslu, en la profundidad del limite fronterizo entre Nepal y el Tíbet. Ahí pude vislumbrar una solidez del trabajo en equipo.
Vale la pena a su vez apuntar, que es una de las regiones más pobres que he conocido, detenidos en el tiempo se esculpen actitudes del siglo 18 como cocinar con leña, excremento de yak y labrar a marro y cincel cada piedra del techo de su vivienda. En donde el siglo 20 se aparece de repente con una línea telefónica siempre ocupada, la Pepsi, la Coca Cola y la cerveza embotellada.
Pero los tibetanos que ahí habitan, trabajan a sol y sombra, como cientos de lugares de nuestro México olvidado, con el único afán de llevarse un bocado de Dal Bah a su familia y gente.
Nosotros (Laura, el jefe de la expedición, Henry Todd y Yo) llegamos antes de que apareciera la horda grande de expediciones que venían atrás de nosotros. Unos Alemanes (Amical) y unos Ingleses (Jagged Globe) eran los predecesores. Aunque los alemanes ya estaban en el campo base, con los de Jagged y nosotros tres ya se habían ocupado todas las habitaciones del pueblo disponibles para extranjeros.
Así que cuando llegaron el resto de los trecientos cincuenta escaladores que en este otoño nos dimos cita en tal lugar, el pueblo se tuvo que organizar para satisfacer las necesidades de porteo de tanta expedición.
Pero regresemos a que nosotros fuimos de los primeros y la historia aunque larga e interesante la podemos concretar a: Los habitantes de Sama Gon se negaban a trabajar por separado y en un dos por tres estandarizaron los cobros por porteo (cargar los bultos de la expedición, nosotros llevábamos para 15 personas como 800 kilogramos), ya sea este desde bajar las maletas del helicóptero hasta el refugio en Sama gon o llevarlas de este último al campo base. Pero no se movía un paquete por grande o pequeño que fuera si no había un acuerdo previo con los cabecillas del pueblo.
Así a Laura y un servidor nos tocó ver negociaciones que duraron cuatro días y ni con la experiencia del Jefe de la expedición, ni el lenguaje de nuestro sherpa se pudo negociar acuerdo alguno a nuestro favor. Todo se pagaba y se negociaba acorde al consejo tribal, nadie impugnaba de los tibetanos, todos alineados, se busco un flanco esquirol, pero no hubo ningún jalón. Eran tan sólidos como practicantes son de su religión (Budista).
Este incidente que nos llamó tanto la atención, nos llevó a profundizar la mentalidad oriental del trabajo en equipo y de ahí nos condujo algo más sorprendente cuando durante estos últimos meses Laura y Yo, conscientemente hemos buscado los cimientos de la fortaleza en el equipo de Tibetanos y sherpas, hasta dar con el lugar de su concepción: Su filosofía de vida y religión.
Para los tibetanos que en ese pueblo encontramos, la felicidad, la realización en esta vida se encuentra en cumplir con las obligaciones y responsabilidades que le exige su comunidad, empezando por el orden familiar para de ahí partir al comunal. La felicidad de cada tibetano es consecuencia de ello.
Esto que pudiera parecernos de primera intención un corte comunista deja de serlo al profundizar en la filosofía oriental las virtudes que se promueven con hábito y costumbre; el Ren y el Li.
Ren, significa; benevolencia, beneficencia, bondad, amor; un amor altruista a la humanidad. A estas hay cinco virtudes asociadas; respeto, magnanimidad, sinceridad, formalidad y amabilidad.
Li, significa; Decoro, conducta apropiada. Hay cinco clases básicas de relaciones humanas y todas están regidas por el Li; padre e hijos, marido y mujer, amigo y amigo, ancianos y jóvenes, gobernante y súbdito.
Las virtudes bajo las cuales nosotros nos desempeñamos en occidente, fortaleza, templanza, justicia, prudencia y sumándole la fe, esperanza y caridad nos damos cuenta de que la ética occidental esta basada en el individuo, la ética Oriental esta fundamentada en un ente Social.
Aquí se encuentra la problemática de base para poder trabajar en equipo en nuestro país y si quiere extenderlo a la mayoría de occidente. Para que yo sea feliz, tengo que ver primero por mí sin tener interés primordial en mi comunidad es mas en su célula fundamental; la familia.
EL EQUIPO LEON IIa PARTE.
Tal vez los orígenes éticos de Oriente comparados con los de Occidente pueden ser una razón, pequeña sin lugar a duda, pero profunda de nuestra disparidad en el convivio social actual y a corto plazo la incapacidad de hacer equipo, aún en la familia.
Discursos van, discursos vienen, pero la incapacidad de tener con claridad una meta común y unir esfuerzos sin tener beneficios a corto o mediano plazo, hacen pensar hoy en día la calidad con que se ejerce el trabajo.
Es aquí cuando aparece el sofisma que durante las últimas décadas nos ha comido nuestra capacidad de trabajo en equipo, anteponiendo el bien común por un estilizado egoísmo: La búsqueda de la felicidad.
No podemos negar que el término es una obra de arte en poesía y mercadotecnia, de hecho la constitución de los Estados Unidos de Norteamérica la contempla en el preámbulo de su constitución;
“los ciudadanos tienen un derecho inalienable a la vida, libertad y la búsqueda de la felicidad”
El “American style of life”, conseguir riqueza material sin importar el costo humano y menos el compromiso con la naturaleza.
Las historias aisladas de Marías Mercedes norteamericanas envuelven la mente del “esnobista”, en pos de la cumbre de los deseos; el dinero y lo que ello mueve.
El único problema es que la felicidad no es un lugar, un objeto, ni un ser humano ó animal, la felicidad es un estado mental basado en saber que la vida esta valiendo la pena ser vivida, que tiene sentido y realización al participar con ella de una mejora en tú comunidad, aportar algo más que dinero a la familia ó por lo menos tener respeto por la naturaleza que te rodea.
Las posturas éticas de Oriente y Occidente son tan contrastantes que no se entienden una con otra, como el chino mandarín con el castellano. Y aunque uno las lea y entienda, es más fácil voltear al otro lado que querer ayudar a los de abajo.
La frase célebre de un buen amigo que desgraciadamente desde hace tiempo anda perdido:
“Si está muy bien la filosofía…pero, al final del día, que haces cuando no tienes (dinero), tú me dirás lo que quieras, pero con el dinero haces lo que quieras”
El razonamiento es válido y necesario para millones de hombres, familiares y amigos, pero como decía Facundo Cabral; “El que millones de vacas coman pasto no lo hace un alimento nutritivo”
Bajo este esquema hay millones de personas que detestan lo que hacen a diario (algo que se conoce en el bajo ambiente como “Trabajo”), teniendo en cuenta que gran parte de la vida del ser humano en el planeta esta consagrado al trabajo, nos encontramos en un mar interminable de ineficiencia, corrupción y todo lo que usted pueda agregarle.
Por eso, cuando uno se para frente a los empleados de una empresa para hablarles del trabajo en equipo mostrando fotos de montañas, conquistando sueños, viviendo aventuras, perdiendo dedos o amigos, en muchas ocasiones no deja de ser para la mayoría un documental expresado por un par de locos que hoy han acudido.
El dar pláticas motivacionales para trabajo en equipo a organizaciones de trabajo no es cosa fácil, de verdad tenemos que adaptar la realidad del trabajador a las circunstancias en que vive cada día.
Hemos dado pláticas a empresas en donde el dueño es un verdadero Hitler “Díganle a estos cabrones o que trabajan en equipo o los corro”.
Yo cumplo con lo que me indican, pero al final me pregunto ¿Cómo querrá este individuo que trabajen para bien conjunto de la compañía, si lo detestan como líder?
EL boicot en la empresa se presenta a cada día, por supuesto la represión, el desempleo y la necesidad hacen el resto.
Las escuelas son un fenómeno afortunadamente diferente pero que no exenta la esencia de la filosofía.
Me comentaba el director de una de ellas;
“Hágales ver la importancia de que se pongan la camiseta, tenemos las mejores instalaciones, docentes muy preparados y los estudiantes no valoran en donde están estudiando, se sienten “menos” que otras escuelas y universidades”
Nuevamente cumplo con mi trabajo de mostrar la importancia del orgullo de pertenencia e identificarte con los valores de la fuente de tu actual conocimiento.
Pero la realización de actividades sociales, el compromiso del alumno con su religión y la sociedad hoy en día no se encuentra solamente en el salón de clases.
Ahí esta el punto, lo que se dice se hace.
Una experiencia rural con compañeros y maestros que enseñan a conocer, afrontar y trabajar en una realidad llena de libertad, llena el alma del ex alumno de gratitud y compromiso.
Y podríamos seguir dando ejemplos de la problemática de enseñar a trabajar en equipo, pero la pregunta obligada es;
¿Qué hacer?
¿Por donde empezar a luchar contra estos molinos?
Para la primera pregunta basta con que tengas bien entendido que la realización de la vida esta dentro de ti y nadie te puede obligar a ser infeliz, desdichado o un amargado.
La armonía de tú vida se encuentra en el diario acontecer y sobre todo EN EL TRABAJO QUE DESEMPEÑAS A DIARIO, tanto para vivir como para relacionarte con el núcleo básico (familia) y secundario (social).
La ecuación es sencilla, pero tienes que tener perfectamente establecido en tu escala de valores que se requiere un esfuerzo de cooperación y convicción en donde te desempeñas laboralmente y por supuesto en la familia.
No podemos exigirle a los demás, algo que solo nos guardamos.
Confucio hace 2,500 años precisó “Para poner el mundo en orden, antes debemos poner en orden al país; para poner en orden al país, debemos poner en orden la familia”.
Esta estructura tan básica hace que aquellos tibetanos tan alejados de la mano de la civilización puedan trabajar en armonía y en su pobreza encontrar muchas razones para una sonrisa.
El EQUIPO LEON, no es un grupo de jugadores de Fut Bol.
Como dice mi estimado amigo Jorge Arena “Que ironía observar el escudo del equipo León en la cúspide y la realidad de su situación”.
EL EQUIPO LEON, es la sociedad donde nos desarrollamos y vivimos, el que mejore o empeore no esta en manos totalmente de otros. Las condiciones de nuestro entorno pueden cambiar ostensiblemente si ponemos metas precisas, optimismo e inteligencia.
Hagamos una vida más armoniosa y saludable, que nunca es tarde.
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