JUEGATE LA VIDA
A más de 8,000 metros de altura mi respiración entrecortada no alcanzaba a darme fuerza suficiente para dar el siguiente paso. El agotamiento se apoderaba de mi cuerpo. Cuando caminas en una montaña a esta altitud cargas una dosis muy grande de dolor. Por momentos todo parecía confuso, ¿Qué hacía ahí, cuando podía fácilmente estar relajada al lado de mis hijos viendo una película o leyendo un libro en algún cómodo sofá? Yo decidí que era en ese tiempo y lugar donde quería estar y únicamente la pasión me mantenía de pie.
El llegar a la cumbre más alta del planeta es sin lugar a dudas un hecho que marca la vida de cualquier persona; sin embargo, la factura de dolor, miedo e incertidumbre que se paga es muy grande.
Cuando nos encontrábamos en la "zona de la muerte", lo único que pensaba es que de cada paso ó movimiento que dábamos dependían nuestras vidas. En este imponente y majestuoso lugar no hay cabida para titubeos, es fundamental pertenecer en cuerpo y alma a las montañas, allí entregas todo y te desgarras por dentro y por fuera si quieres alcanzar tu objetivo...si tu deseo es seguir con vida.
Un paso, 10 respiraciones, otro paso más y tan solo 250 metros avanzábamos cada hora. Cuando sentía que mi cuerpo desfallecía, solo la pasión me empujaba a seguir; el deseo de llegar a lo más alto, de sentir el cálido abrazo de Yuri ó de volver a estar al lado de mis hijos, me impulsaban a no detenerme y avanzar un poco más. En estos momentos la condición física es importante, pero definitivamente la fuerza mental te lleva a bloquear la fatiga.
El cielo estaba despejado, era un hermoso amanecer. Por debajo un mar de nubes cubría todo, excepto las cumbres de algunas otras grandes montañas. Los colores que se dibujaban en el horizonte y la paz que reinaba en ese lugar tan cerca del cielo, me daban la respuesta a cualquier duda ó incertidumbre.
Cuando pisé la cumbre del Everest todo había valido la pena; cada lágrima y dolor tenían un sentido. Ahí sentada en lo más alto del planeta, comencé a soñar en un nuevo reto.
Dos meses después, cuando pisé el mágico pasto del Nou Camp como madrina del equipo León, sentí inmensas ganas de ser un jugador, de tener la oportunidad de dar todo en un partido, de arriesgar y jugarme la vida como en la montaña.
Estoy orgullosa y feliz por ser la madrina del Equipo León, al igual que el mío, su sueño es ascender y estoy completamente convencida que si cada jugador entrega todo en la cancha con la misma pasión de su afición, de cada uno de los integrantes de la porra y cada niño que asiste al estadio, nuestro querido equipo logrará llegar a esa cumbre tan anhelada.
La montaña me ha enseñado a dejar el miedo, a arriesgar y atreverse en busca de un sueño y sobre todo a sentir un inmenso entusiasmo por lo que haces. Todo tiene un sentido cuando vives con intensidad y pasión.
Vamos equipo León, juégate la vida en cada partido, porque en este mundo lo único que no hay, es tiempo extra.
Preguntas y comentarios:
lalaranda@prodigy.net.mx