Ser ejemplo de mis hijos es una pretensión que nunca he tenido. Durante los últimos 12 años me he confortado con transmitirles mi amor y trabajar para que ellos tengan una buena educación, haciendo lo posible para que sean felices. Así, el que súbitamente me encuentre en el auditorio del Instituto Lux ante cientos de bachilleres compañeros de mi hija y tenga 50 minutos para apasionarlos y con ello alcanzar sus sueños, no me lo imaginaba ni en la peor de mis pesadillas. Pero así fue, advertida fuertemente por mi querida Andrea que transita por las matemáticas del 5° de Bachillerato, “Mamá de verdad te deseo suerte, no se como le vas hacer para que se queden callados y no te vayas a sentir ofendida si no te preguntan nada, es lo normal”. Que bueno que mi hija con sus experimentados comentarios me alentaba a pararme frente a una nube de estrógeno y testosterona y hablarles de lo hermoso que es orinar en un frasco, no bañarse en 35 días y tener dedos de pies y manos congelados. Para poner más emoción al asunto,Yuri no me hacía el menor caso en como iríamos a controlar durante una hora en tres sesiones distintas y hasta brutalmente se negó acompañarme a ver al rector, bajo la excusa de que había ofendido su espiritualidad en la comida con unos amigos. De verdad que yo solo quería subiruna montaña, no verme en medio del “fuego amigo” y ahora en la escuela de mis hijos. Afortunadamente el día del “juicio preparatoriano”,como es habitual Yuri se sacó un “As” bajo la manga y la estrategia de acción ante la juventud Jesuítica estaba echada. Pero antes déjenme regresar un poco en el tiempo y explicarles porque llevé la bandera del Lux a la cumbre del Manaslu. Estoy muy lejos de pertenecer a la sociedad de padres de familia, de hecho, no ha sido una ni dos veces las que he faltado a la entrega de calificaciones y juntas habituales,por lo cual mis hijos a veces ya ni me avisan. Lo más social en que he participado es la carrera de 10 kilómetros de este año en el cuál quede en un “espantoso” segundo lugar de madres de alumnos, que de no ser porque Yuri y nuestro amigo Gerardo se empecinaron, ni a la premiación me hubiera quedado. ¿Porqué llevar el banderín del Lux? La respuesta puede ser muy amplia, pero la resumo en dos renglones;
Mis hijos adoran su escuela y no quieren faltar a ella.
Me gusta la rebeldía, inteligencia y entrega de los Jesuitas hacia la vida misma.
El primer punto me costó trabajo de entender. ¿Qué niño de 12 años en sus completos cabales se rehúsa a no asistir a la escuela?, Mi hijo. Ha sido en varias ocasiones: puentes, días finales del ciclo escolar en donde ya se terminó el programa educativo y cuando le he dicho a Cris: “ya no vayas a la escuela, quédate en casa”.La respuesta conlleva un breve reclamó “¿Qué clase de mamá eres que no quieres que vaya a la escuela, si me gusta, no quiero faltar?” Ese es el primer foco rojo que pude notar de que esta escuela era poco “normal”, mi hijo no quiere dejar de ir. Cuando empecé a investigar de la consciencia social y los valores en la enseñanza tome unadifícil decisión económica basada en mi creencia absoluta de quelo único que podemos heredar a largo plazo a nuestros hijos es la educación. Saqué a mi hija Andrea de su escuela donde tenía una beca completa hasta preparatoria por la muerte de mi esposo, porque quería que ella tuviera una visión social, libertad de pensamiento y ante todo la oportunidad de disfrutar esta etapa tanto como mi otro hijo a diario me lo mostraba. Ha pasado añoy medio de esfuerzo económico el cualse ha visto recompensado al ver a mi hija regresar todas las noches con una historia alegre y diferente que contar. En el periódico apareció que dimos las pláticas en la prepa de Lux en agradecimiento por su apoyo. El apoyo no fue económico, fue más grande, lo mas preciado que una mamá puede tener: Una escuela en donde sus hijos son felices y aprenden siendo “rebeldes” ante una sociedad que valora el espíritu materialsobre la entrega hacia un ideal mas alto. Las pláticas a cada grado fueron tan diferentes como lo puede ser la pasta de un asado, pero cada una, ante la sorpresa de mi hija y los maestros, se llenaron de preguntas y frescura, esa de la cual Yuri y yo salimos contagiados. Estas generaciones tienen mucho que enseñarnos si tenemos la paciencia e inteligencia de escucharlos, aprendí de ellos que el ejemplo de nosotros los padres y lo que hacemos, es más importante que sentarlos y “enrollarlos” con que ellos cumplan lo que nosotros deseamos. Nosotras las mamás siempre tenemos algo que decirles a nuestros hijos adolescentes, que debe y que no se debe; después de estas tres pláticas aprendí que si nos sentamos a escucharlos y compartir sus inquietudes y conceptos no como padres sino como seres humanos, puede ser la clave para ayudarlos a ser felices.
Una Lux se prendió en una hermosa cumbre del Himalaya, el reto será para alumnos y padres de familia mantenerla encendida.