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"GENERACCION 14"

MAS ALLA DE LA CUMBRE

SUM ERU
 
Autor, Laura González del Castillo A.

 
“Hay pocas cosas más absurdas que escalar una gran montaña. Aunque puede ser que alguna de ellas sea vivir anónimamente, ocupándose sólo de ganar dinero y acumular posesiones, hipotecas y bostezos.”
Kilo Betelu.  “Los 14 Ochomiles de Juanito Oiarzabal”
 
Quiero iniciar la hermosa oportunidad de tener un espacio periodístico contando un cuento.
 Mahavira en el siglo VI a.c. fundó en la India la religión Jainista. Dentro de la mitolología de esa religión, en el cielo hay montañas paralelas al Himalaya.
El himalaya esta hecho de piedra, tierra y hielo. El paralelo del Himalaya  en su cielo es de oro macizo, diamantes, rubíes y esmeraldas. La montaña más alta de ese mítico Himalaya recibe el nombre de Sum Eru.
Las personas más honestas, trabajadoras, leales, valientes e inteligentes, cuando mueren, tienen la oportunidad de grabar su nombre en el monte Sum Eru, catálogo supremo de todos los grandes superhombres y supermujeres que han existido.
Un emperador que había sido perfecto con su pueblo,  al morir recibió la oportunidad de grabar su nombre en la montaña. El guardián de la montaña le dió cincel y marro para grabar su nombre. Fue un hombre tan excepcional que su esposa, primer ministro,  comandante en jefe, todas las grandes personalidades que lo rodeaban y muchos súbditos se habían suicidado porque no podían imaginarse vivir sin él.
Al ver a sus seres queridos, el emperador le dijo al guardia que le permitiera llevarlos a la montaña para que vieran como quedaba grabado su nombre.
El guardián le comentó que su puesto había sido heredado por siglos e imploró al emperador que siguiera su consejo; Que fuera solo, si no se arrepentiría.
El emperador no entendía, quería compartir ese momento tan especial con todos;  el esfuerzo y dedicación de su vida quedarían grabados para siempre en la montaña más alta del universo, pero no era sensato ir en contra del consejo de un hombre que por siglos había prestado los instrumentos a tan magno acontecimiento.
El guardián añadió: “Si quieres que vean tu nombre grabado,  primero ve tú a grabarlo, regresas y te doy permiso para que pasen  y  se los enseñes;  pero insisto, ahora vete solo”
El emperador sin entender hizo caso y emprendió el camino hacia la montaña más alta  más grande de toda la cordillera de los Himalaya .
 Al llegar a ésta no había un sol,  el cielo se llenaba de miles de soles y en combinación con el oro y piedras preciosas de que estaba hecha la montaña, hacían imposible ver con tanta luminosidad, así el emperador quedo cegado por un buen rato. Cuando pudo abrir los ojos empezó a buscar un lugar para grabar su nombre.
No lo  podía creer, todos los espacios del lugar más espectacular del universo estaban llenos de nombres. Hasta ese momento había creído que era un superhombre de los que nacen cada miles de años, pero se dio cuenta de que el tiempo era más grande que todas sus virtudes y no había espacio para escribir su pequeño nombre.  Así abatido regresó a contárselo al guardián del Sum Eru.
   
“No había espacio” comentó con un dejo de tristeza el emperador al llegar.
El guardián sonrió y añadió: “Eso es lo que te quería decir, no quería que pasaras la pena frente a la gente que más quieres, tu esfuerzo, bondad y lealtad han sido extraordinarias, tal y como la de cientos de millones de humanos, no eres el primero ni el único. Lo que tendrás que hacer  es borrar algunos nombres y escribir el tuyo, eso es lo que se ha hecho siempre, lo he visto toda mi vida, nadie ha visto el Sum Eru con un espacio vacio”.
El emperador reflexionó, “No quiero borrar otros nombres para grabar el mío y enseñarlo a mis seres queridos;  hay tanta gente  excepcional antes de mí y otros que vendrán después;  lo mejor que puedo tener es el cariño incondicional de la gente que me ha visto luchar por ellos, es suficiente quedar grabado en su recuerdo”.
 
            Nosotros no tenemos un Himalaya paralelo en el Bajío pero tenemos un Cerro del Cubilete y no es necesario morirse para grabar en  nuestra memoria a las grandes mujeres que viven y se desarrollan en nuestra ciudad.  Que cincelan a diario con valor, dedicación y esfuerzo su nombre en nuestra memoria; Regina, Sonia, Paula, Samantha, Maria Fernanda, Paulina, Coco, Valentina, Rosa Elena, Lula, por mencionar algunos ejemplos de los que tengo constancia, pero si se pudieran grabar los nombres de las mujeres leales, inteligentes que han dado lo mejor de sí para su familia y ciudad el cubilete resultaría insuficiente para ello.
 
 Con este maravilloso cuento les hago saber que la intención de esta columna que hoy inicia es hacerlos partícipes de una aventura de vida, en donde el guardián del destino me ha dado la oportunidad de intentar escalar nuestro Himalaya, ese que mide tres mil kilómetros de longitud y se forma  de tierra, rocas y hielo. Eso compartiré con ustedes,  que juntos disfrutemos la oportunidad de ascender un pedazo del cielo en la tierra.
 
El próximo domingo les escribiré  cómo un pedazo  de tela  puede cambiar una vida entera.
 

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