| Tranquila
1a Parte
La luna casi llena refleja en la roca una llamarada blanca de buen clima, oportunidad a la que nos aferramos con delicada intensidad. La luz incandescente de mi frontal arropa apoyos y agarres, pero lo que dirige botas y manos es una marejada de adrenalina.
A media hora de separarme de la horizontal del piso y con tres sombras adelante de mí que se desvanecen entre el filo de dos precipicios, el silencio es la moneda de cambio y lo que para muchos es un suicidio, una costosa locura, para nosotros es una oportunidad única: la cumbre del Matterhorn. 8:00 a.m., 9 de agosto (un día antes).
Enrocados en nuestra cobacha de Steinmatte debido a un helado y crispante clima, los días pasaban aunque para el desánimo no había cabida. La rutina está presta, el santo a la iglesia a orar por el clima, la virtuosa a la cocina y el pecador a la esquina a comprar gipfiels de crema y chocolate finalizando echando carrilla.
A las 10 iniciaba nuestra peregrinación por los senderos de la región, sol, lluvia y nieve en una misma sesión dejaron de crear sensación al hacernos por obligación residentes temporales del cantón de Valais en el expropiador pueblito de Zermatt. Como buenos mexicanos, mi querida leonesa Laura González, el hermano lasallista don Héctor García y un servidor, no podíamos vivir sin hacernos sufrir, a falta de clima político nos martirizábamos en el Alpinzenter donde los meteorólogos viven en “resistencia pacifica”, contando nube por nube y en su dopado devenir diario, se nos cae el cielo.
Pero este día fue diferente, al platicar con las dependientes, la amabilidad San Bernardesca de una y la malhumorada Dobermaniana de la otra, por fin coincidieron en tres palabras: “Mañana es posible”.
- “¿Qué noticias hay?”, alcancé a oír mientras cruzaba el umbral. No había una manera delicada de decirlo, pensé. - “Mañana puede ser el único día bueno en la semana, hay posibilidad para ascender a escaladores de gran experiencia” El silencio envolvió las humeantes tazas de chocolate suizo. - “¿Y usted qué opina doctor?”, preguntó la voz sacra.
El entrenamiento previo a esta expedición había sido muy bueno, no había duda. Pero las exigencias físicas y técnicas de la ruta en malas condiciones no eran muy compatibles con los setenta años que don Héctor García presume tener. Laura tiene la fuerza física y mental para correr un maratón un día sí y un día no durante un mes seguido. Sin lugar a duda se convirtió en el demonio de Tasmania de la región subiendo y bajando por todos los caminos.
Pero la falta de experiencia en una montaña tan técnica en malas condiciones no era una buena señal. Nunca he regresado a México con un compañero en posición horizontal y envuelto en cajón de metal, pero aún así me imaginaba a los “perros del mal” del terrenito o el “Santo Oficio” de Mixcoac, si aparezco tocando el timbre con bolsas de poliuretano en la mano.
- “Venimos juntos, debemos intentarlo juntos, esa es la ventaja de venir a escalar con amigos, tal vez deberíamos esperar otra semana y atacar la montaña hasta que tengamos mejores condiciones”, añadí. - “Podemos subir el Dufurzpit, la cumbre más alta de Suiza y aprovechar el buen clima de mañana sin comprometer la seguridad y esperar otra semana más”, comenté.
Estuvimos de acuerdo y en cinco minutos regresaba de la cabina telefónica de donde había hecho las reservaciones para el refugio. Nuevamente de sopetón, al cruzar el portón el hermano Héctor dispara: “Vamos doctor, intentemos el Cervino”. La frase interrumpió la respiración y la digestión, vamos por todo, me dio un gusto enorme la seguridad y temple de mis compañeros. - “¿Quién dijo miedo?”, grité y eché a correr ahora para hacer reservar en el Hornlihutte e iniciar preparativos.
Requinto bongo y güiro dan entrada a la canción “Tranquila” de Javier García, con mucho mi himno antes de subir una montaña.
“Despacio con ritmo bueno, así se llega a la cima, suave, suavecito, no vayas con tanta prisa, observa todo el terreno, subete a una montaña, quédate un ratito, y después te bajas. “Ahora en buen camino, nada nos va parar, lo que sea que encontremos, nos gustará, para de correr, tranquila, sígueme a mí, tranquila, no se terminarán tus vidas”.
fin 1a parte...
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